Un oasis donde el agua, la vegetación y la ciudad se encuentran. Comprender sus relaciones permite reconocer qué necesita el Estero y por qué su cuidado involucra a toda la cuenca.

De la sierra a la laguna.
La cuenca reúne el territorio por donde la lluvia escurre o se infiltra. Los arroyos, el acuífero —el agua almacenada bajo tierra— y la laguna forman parte de ese recorrido. Su relación cambia con las lluvias, las extracciones y las condiciones de cada sitio.
Cuidar el agua del Estero requiere observar su cantidad, su calidad y la manera en que circula. Lo que sucede más allá de la orilla también influye en la vida del humedal.
El paisaje que sostiene la vida.
El suelo, las raíces, las plantas y los animales forman hábitats conectados. El bosque que acompaña a los arroyos, las orillas vegetadas y los espacios de agua abierta ofrecen distintas condiciones para alimentarse, descansar y reproducirse.
Regenerar ese paisaje requiere recuperar relaciones: proteger el suelo, reconocer las especies del lugar, cuidar la vegetación nativa y dar seguimiento a los cambios.

Una ciudad vinculada a su oasis.
La memoria del lugar, el conocimiento local y la vida cotidiana forman parte de su cuidado. Aprender a reconocer el territorio ayuda a relacionar nuestras decisiones con lo que sucede en el Estero.
Agua, tierra y comunidad forman un mismo sistema. Conocerlo es el primer paso para participar en su regeneración.